viernes, 17 de septiembre de 2010

HABLANDO EN FAMILIA - LA FE EN LA VIDA COTIDIANA


    El tema de este número es “la fe en la vida cotidiana”. Creemos que es interesante tratar sobre esa clase de fe que es útil y compatible para resolver los problemas de la vida, una fe que podemos aplicar a los pequeños y grandes conflictos que nos presenta la realidad.
    Como contracara de esta perspectiva tenemos  otra fe, aquella divorciada de la realidad de todos los días, una espiritualidad rodeada de una aureola de religiosidad, pero que no es útil para responder a los conflictos emocionales, a las angustias que nos provoca la vida (en la realidad acelerada y demandante de la sociedad actual) y al vivir comprometidos con el mundo siendo sal y luz.
    Jesús trajo consigo esta fe a la que hacemos referencia y cuando le dijo a sus discípulos “en el mundo tendrán aflicción pero confíen, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33), estaba anticipándonos que él deseaba para sus seguidores que vivan en el mundo y en la realidad y por lo tanto que puedan “asumir las aflicciones” que esto implique.
    Luego agrega “pero confíen, yo he vencido al mundo”, es decir que Jesús demostró en la práctica que la fe que propone había sido probadamente eficaz en su vida y un instrumento útil y adecuado para dar respuestas a los problemas que plantee la realidad.
    Desde distintas perspectivas, tanto Elsie de Powell en “Auméntanos la fe…” nos describe el clamor de los seguidores de Jesús, que tienen un sentimiento subjetivo de carencia y otro objetivo centrado en la persona de Jesús. Y Alberto Roldán en “Jesús y lo sagrado” nos llama la atención a que vivamos en la tensión de los extremos de “nada es sagrado” hasta “todo es sagrado” para luego preguntarse ¿qué es lo santo?
    Tenemos el agrado de presentar un artículo de Pablo Pérez. Pablo es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba y el presente trabajo es el resultado de sus estudios y fue presentado en su Facultad. Valoramos su aporte al tema desde una perspectiva cristiana y lo estimulamos a continuar en este camino dando testimonio de su fe.
    Nuestra querida amiga la psicóloga brasileña Karin Kepler Wondracek nos presenta una visión de la gracia a partir de un interesante análisis de la historia bíblica de Noemí. Norma Panozzo de Ré nos cuenta en forma de oración la experiencia vivida por su familia. Ricardo Zandrino en “Las crisis aparecen aun en las mejores familias” nos hace ver que las crisis afectan a todas las familias pero que hay recursos y aspectos positivos que vale la pena tener en cuenta. El resto de los artículos y poesías los dejamos para que los descubra el lector.
    No hace falta que repitamos de nuestras dificultades económicas para lograr que un número de Compromiso Cristiano salga a luz. Más bien queremos dejar una nota positiva: saber que el Señor no nos abandona y ha permitido que este ejemplar llegue a sus manos. Que lo disfrute y le sea de bendición.

APOCALIPSIS: La realidad del Anticristo













LA REALIDAD DEL ANTICRISTO. La importancia del concepto en sus distintas expresiones. Distintos nombres y representaciones. Sus significados en: otras culturas, en el Antiguo y Nuevo testamento. Su representación final. 
A continuación haremos como un paréntesis necesario. Y esto con el fin de clarificar un concepto, que en general, no es tan claro como parece. Nos referimos como lo señala nuestro título, AL ANTICRISTO. Que el mundo este confundido no debe parecernos extraño, eso está dentro de la realidad del hombre sin Cristo. Como tan sabiamente lo señala Pablo: “… en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…” (2Cor. 4:4). Sabemos también quién es el responsable de esta ceguera espiritual.
Pero otra cosa muy diferente, es que los cristianos a los cuales “les ha resplandecido la luz del evangelio”, ignoren su actividad y desconozcan lo que la biblia dicen al respecto, es realmente patético. Somos llamados a ser obreros que no tengan de que avergonzarse en cuanto a su trabajo, por sobretodo señala el apóstol Pablo: “que usa bien la palabra de verdad.” (2Tim. 2:15).
Hay temas sobre los cuales como obreros, pastores y líderes en general, no podemos darnos el lujo de ignorarlos, y menos aún, el omitir su enseñanza en la “iglesia” del Señor. Tenemos el privilegio y el deber de preparar un pueblo bien dispuesto para El. Pero no tan solo con señales y prodigios como pedían los judíos a Jesús. Aún las señales y los dones pasaran pero la palabra de Dios es eterna. El pueblo debe también prepararse en conocimiento. Si eres líder, tu obligación es estudiar y prepararte cada día. El día que dejes de estudiar comenzaras a morir. Y junto contigo las personas a las que ministras. Preparemos un pueblo con conocimiento, que sepa hacer una guerra efectiva al enemigo, que destruya sus fortalezas y sus maquinaciones.
Me entusiasme con la introducción a este apartado. Recordemos entonces que  partir de ahora, nos saldrá al encuentro la figura del “anticristo” en sus distintas expresiones. ¿Quién ES Y COMO SE MANIFIESTA EL ANTICRISTO?
Sobre este tema se han lanzado muchas especulaciones, como también historias fantásticas. La primera afirmación que haremos será general. El anticristo REPRESENTA LAS FUERZAS DEL UNIVERSO QUE ESTAN EN CONTRA DE DIOS. De la misma manera que el Cristo es el Santo y el Rey ungido de Dios, el anticristo es el que no es santo, el rey de todo mal.
Jesucristo encarna todo el bien y la bondad. El Anticristo encarna el diablo y la maldad. La idea de una fuerza que se opone a Dios no es nueva. El anticristo tiene sus orígenes mucho antes de que haga su aparición en el Nuevo Testamento.
Así es que será de mucho valor hacer un recorrido estudiando hacer un recorrido estudiando brevemente todas estas IMÁGENES ANTIGUAS, que han influido sobre la representación del anticristo que encontramos en el Nuevo Testamento.
Toda esta información que nos brindan los conceptos históricos, costumbres y creencias de otras culturas nos serán de gran ayuda. Además de enriquecer nuestro conocimiento.
 Los babilonios: tenían un mito sobre la creación del mundo, que compartían con todos los pueblos semitas y que puede ser que los judíos conocieran.
 Describían la historia de la creación como la lucha entre Marduk, el creador y Tiamat el dragón que representaba el caos original.
Marduk que representa la fuerza del orden y de la creación debe luchar y dominar a este espíritu destructivo antes que la creación sea posible. Por ello la tradición sostenía que esta lucha entre ambos poderes se repetiría ANTES DEL FIN del mundo.
Sorprendentemente esta antigua creencia de la lucha entre Dios y el dragón del caos, la encontramos reflejada en las páginas del Antiguo Testamento.
“Isaías habla del día cuando Dios matará a Leviatán, a la serpiente retorcida (o tortuosa), al dragón que está en el mar (Is.27:1). En el pensamiento judío esta imagen del viejo dragón del caos tomó el nombre de Rahab. Isaías dice: “¿No eres tú el que partió  a Rahab e hirió al dragón?” (Is.51:9). Cuando el salmista enumera los triunfos de Dios, dice que hará también, mención de Rahab, (Sal.87:4; véase 89:10). Siendo esta una concepción que está en los orígenes de la idea del anticristo, no debe parecernos extraño que el dragón vuelva a aparecer en (Apocalipsis 12:9.)

JESÚS Y LO SAGRADO

Afirmación y replanteo
Alberto F. Roldan*
Entonces, y bajo el peso de aquel terror, Adán había caído de rodillas; y sintió que por vez primera su torpe oración ganaba las alturas que se le habían negado tantas veces; y se había dicho que aquel sagrado temor era sin duda el preludio de la ciencia viviente por la cual venia suspirando su alma tras el hastío de las letras muertas. Un temor sagrado. Pero, ¡cuán fácilmente se disipaba ya entre los ruidos y colores del nuevo dia!1
Introducción
“No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes, y los despedacen, ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen”  (Mt.7:6 Nueva Versión Internacional, en adelante: NVI). Esta es una de las más insólitas declaraciones de Jesús en cuanto a “lo santo” o “lo sagrado”.
A partir de estas palabras podemos comenzar a reflexionar sobre “lo sagrado”.  La declaración de Jesús, aunque breve, por lo menos deja en claro dos cosas: La primera, que existe, efectivamente, una realidad, una zona de “lo sagrado”.  Que no todas las realidades pertenecen a ese ámbito, sino algunas, que nos ocuparemos de ver luego. En segundo lugar, Jesús prohíbe dar lo sagrado a los perros.
Vivimos en tensión entre los extremos de “nada es sagrado” hasta “todo es sagrado”. La primera postura estaría representada por la secularización o, quizás mejor, el secularismo, que es el intento por interpretar toda la realidad prescindiendo de Dios. En esa perspectiva, todo es natural, humano, temporal y secular. Una forma actual de esta perspectiva se da hoy en el fenómeno llamado “posmodernidad”, para el cual, en nítida vertiente nihilista, nada es absoluto o trascendente. Por ende, nada es santo. Criticando lo que considera como especie de incoherencia de los teóricos posmodernos, escribe Juan Velasco:
Rechazan, desde luego, la objetivación de la trascendencia que supone el pensamiento fundamentado, logo céntrico.  Pero mantienen referencias a la inagotabilidad e inefabilidad de la vida que muestran cierta apertura a un más allá de la razón científica, instrumental y funcional. Rechazan el pensamiento “ontoteologico”, pero son sensibles a pensar desde la in-eliminable diferencia.2
La otra postura es que “todo es sagrado” reconoce expresiones no cristianas y cristianas. En la India, por ejemplo, aun las vacas son sagradas. Una versión cristiana de la misma postura podría ser ilustrada con lo que dice el teólogo Gustavo Gutiérrez cuando señala: “Hablar de la presencia de la gracia –aceptada o rechazada- en todos los hombres, implica, por otra parte, valorar cristianamente las raíces mismas de la acción humana. Impide hablar con propiedad de un mundo profano”.3
Pero, ¿que es “lo santo”? ¿Cómo se define? ¿Cómo se contrasta con “lo profano”? ¿Es lo mismo lo sagrado en Dios que en el hombre? ¿Qué dice Jesús sobre “lo sagrado”? ¿Cómo se relacionó con lo sagrado? ¿Qué implicaciones practicas pueden surgir de la enseñanza de Jesús para nosotros hoy, en nuestra relación con Dios, con nuestro prójimo, con nuestro mundo?  Son muchas preguntas que intentaremos ir dilucidando en la exposición del tema.
1. Lo sagrado según la investigación teológica y la antropología cultural.
Cuando abordamos el tema de “lo santo” no puede dejar de hacerse referencia a la investigación de un teólogo y antropólogo alemán, Rudolf Otto. Su obra, Lo Santo, publicada en 1917, marco toda una época, de modo tal que todo teólogo que abordara el tema con posterioridad a esa fecha, debía, necesariamente, referirse a esta investigación.
El intento de Otto, un teólogo que termino suicidándose, era mostrar lo irracional en la idea de lo divino. Como lo explica Michel Meslin:
En efecto, las primeras páginas son un ataque general contra el racionalismo religioso y, en igual medida, contra cualquier teología racional –como el tomismo-, donde Dios solo se muestra en unas funciones racionalmente aprehensibles: como organizador del cosmos, creador, legislador, justiciero, etc.
Este tipo de teología, explica Otto, lleva a unas representaciones del Ser de Dios completamente abstractas, alejadas de la vida, ajenas al sentimiento religioso. […] el gran reproche de Otto es, pues, que lo racional cree poder explicar lo divino mediante elementos no divinos.4
¿Que descubre Rudolf Otto en cuanto a la esencia de lo santo? Para el, lo santo tiene tres aspectos que hacen a su esencia. Lo santo o lo sagrado, es algo que puede describirse como el misterio de lo tremendo, lo que fascina y lo augusto.
Si leemos el Antiguo Testamento, notaremos que hay muchas narrativas de la presencia de YAHVÉ, con epifanías o manifestaciones visibles que son tremendas porque apabullan, empequeñecen, aterran. Algunas de esas descripciones, solo a titulo ilustrativo son: (Éxodo 19 y 20, Ezequiel 1, Isaías 6 y Habacuc 3.) El misterio de lo tremendo, “es el aspecto bajo el que lo divino es experimentado como inaccesible y misterioso. Ante el misterio de este Theos- agnostos, el hombre solo puede experimentar ‘el sentimiento de criatura’.5
El segundo aspecto de lo santo, es su carácter fascinante, es decir, se trata de algo que atrae, cautiva, seduce. Especialmente, aquí entran en juego las cualidades de Dios tales como el amor, la piedad, la benevolencia, aspectos que atraen al creyente hacia Dios.
La tercera característica, menos consignada por los estudiosos, es la del augustum, por el cual el creyente reconoce el derecho de Dios de ser Augusto y, por tal motivo, digno de ser alabado, honrado, glorificado.
¿Cuál ha sido, entonces, el aporte de Otto a la comprensión de lo sagrado? Meslin dice que el aporte esencial es haber demostrado que la experiencia que el hombre tiene de lo sagrado es algo que no puede reducirse a meros requerimientos sociológicos ni tampoco una especie de sublimación psicológica. Se trata de que “lo sagrado es un presupuesto, irreductible, experimentado y vivido a través de lo psicologico”.6
2. Jesús y lo sagrado.
No son muchos los textos en los que Jesús se refiere a lo sagrado. Pero a pesar de esa limitación, podemos extraer algunas lecciones de los pasajes donde se refiere al tema, ya sea en forma directa o indirecta.
Lo sagrado es el Nombre de Dios. En la primera petición del Padrenuestro decimos al Padre celestial: “santificado sea tu nombre” (Mt.6:9).  Lutero comentaba en su Catecismo Menor:
El nombre de Dios es, en verdad, santo en sí mismo, más rogamos en esta petición que sea santificado también entre nosotros. Santificase el nombre de Dios cuando la Palabra divina se enseña con toda claridad y pureza, y nosotros, como hijos de Dios, vivimos conforme  ella de una manera santa. ¡Ayúdanos a esto, amado Padre celestial! Más el que enseña y vive de modo diferente de lo que enseña la Palabra de Dios, profana entre nosotros el nombre de Dios. ¡Líbranos de esto, amado Padre celestial! 7
Cuando en la Biblia se habla del Nombre de Dios, se está haciendo referencia a la Persona de Dios representada en ese nombre. Es como cuando en el Evangelio se dice que debemos creer “en el nombre de Jesucristo”, no significa simplemente que debemos creer que Jesús se llama así y no Juan o Pedro. Significa que creemos en la persona de quien porta ese nombre y en lo que significa ese nombre. Santificar el nombre de Dios, entonces, es respetar y honrar a Dios en nuestras vidas cotidianas y en todas las esferas de la misma.
Estrechamente vinculado al texto anterior, tenemos la oración sacerdotal de Jesús registrada en Juan 17, en la cual en determinado momento dice Jesús: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre” (v. 11). Que Dios sea santo, significa que es, por su carácter, totalmente diferente a otros seres, “el Totalmente Otro”, como algunos teólogos lo han afirmado.
Volviendo al pasaje inicial de Mateo 7:6, Jesús establece una prohibición de dar lo santo a los perros.
Aquí hay un trasfondo del Antiguo Testamento, donde se prohíbe dar lo santo, es decir, la carne de los sacrificios, a los perros (Ex. 29:33, Lv.2: 3 y 22: 10-16).  Difícilmente Jesús se refiera aquí a los gentiles, que eran considerados como perros y cerdos por parte de los judíos. Más bien la idea pareciera ser que los discípulos de Jesús no deben “dar participación del don precioso y santo del evangelio, a los que de él son indignos…” 8
También Jesús habla de los “santos ángeles”, en una referencia escatológica que registra Marcos 8:38 y Lucas 9:26. En otro contexto escatológico, el sermón del tiempo final, Jesús dice: “Así cuando vean en el lugar santo ‘la terrible abominación’ de la que hablo el profeta Daniel” (Mt. 24:15 NVI). Esta abominación del lugar santo tiene referencia histórica a la estatua de Zeus Olímpico erigida en el templo de Jerusalén por Antíoco Epifanías en el 168 a. C.  Hay un lugar santo en el templo, que ha sido profanado por los impíos. 9
Finalmente, Jesús se refiere a los discípulos como santos o santificados. Dice en la oración sacerdotal: “Santifícalos en la verdad, tu palabra es verdad” (v. 17). “Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (v. 20). Los creyentes en Jesús somos separados y consagrados para Dios en la  palabra de Dios, que es la verdad de Dios.
¿Qué diferencia sustancial existe entre la santidad cuando se refiere a Dios y la santidad cuando se refiere a cosas o a criaturas?  Miguel Benzo hace la siguiente distinción:
Para todos los teísmos, lo único sagrado en sentido estricto es Dios.  Es el único misterio y el único valor absoluto.  Pero, puesto que todos los demás seres dicen relación esencial a él, se le abren en su por qué y para que, toda la realidad tiene una sacralidad relativa. 10
3. El replanteo que Jesús hace de “lo sagrado”.
Aunque Jesús reconoce la sacralidad del templo y de las fiestas judías, de las cuales participa, no obstante sus palabras y su acción implican ciertos cambios. Del significativo dialogo con la mujer de Samaria, se desprende que, mientras ella procura desviar el tema central de Jesús hacia una cuestión sobre el lugar donde debe adorarse a Dios, Jesús dice que eso ya no es importante.
Que lo importante es que se adore a Dios “en espíritu y en verdad” (Jn. 4:24). El monte al que hace referencia Jesús en el versículo 21 es el monte Gerizim, donde había estado edificado el templo samaritano, rival del templo erigido en Jerusalén. Pero Jesús replantea el tema del templo, al decir que como Dios es “espíritu”, lo que importa no es el lugar donde lo adoramos, sino el espíritu y la actitud con que lo hacemos. Esto implica, obviamente, un replanteo del tema de la sacralidad del templo.
Este replanteo de Jesús será ampliado luego por los apóstoles en las epístolas. El verdadero templo ahora es la Iglesia de Jesucristo, la morada de Dios en el Espíritu, dice Pablo en Efesios 2:22. Y el autor de la carta a los Hebreos sostiene que Jesucristo entro al verdadero santuario celestial (9:12). Jesucristo suprimió todos los sacrificios del sistema judaico (7:27, 9:25 y 10:18). Volviendo a Pablo, no solo la Iglesia es el templo santo para Dios, sino que el cuerpo mismo del cristiano es templo del Espíritu, es decir, el cristiano se constituye en lugar santo (1 Co. 6:19-20).
También las fiestas y días especiales sufren cierta mutación a partir de Jesucristo. Ahora, nadie nos debe juzgar en cuanto a días de fiestas, sábados o lunas nuevas (Col. 2:16-17, cf. Ro. 14:1ss.).
Finalmente, la vida humana es para Jesús, de valor primordial y prioritario a la hora de que entre en conflicto con lo ritual. El tema es claramente expresado en el relato de Marcos 2 y los paralelos. Efectivamente, en la última parte de ese capítulo (vv. 23-27) se plantea la cuestión de que los discípulos arrancaban espigas a su paso por los sembrados.
Ante la crítica farisea, Jesús se refiere al caso cuando David tomo de los panes de la proposición, es decir, del templo, para comer él y los que lo acompañaban. Eran panes “consagrados a Dios, que solo a los sacerdotes les es permitido comer. Y dio también a sus compañeros” (v. 26).  Jesús remata sus palabras con un argumento contundente: “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado” (v. 27ª NVI). En breve: la vida humana tiene prioridad sobre lo ritual, es decir, es de mayor densidad sacra comparada con los reglamentos.
Conclusión
Por lo que podemos observar, hay en Jesús una afirmación de lo sagrado, pero no de una manera acrítica o meramente repetitiva. Jesús, en realidad, establece un replanteo de lo sagrado, mostrando que los hombres, en su caso los fariseos, pueden muchas veces quedarse con la cascara de una realidad que es mucho más profunda que la envoltura. Esto se ve claramente en sus referencias al templo como lugar de adoración y a  la ley del sábado como institución.
Mucho más importante que el lugar físico, “sagrado” como lugar donde Dios debe ser adorado, es que lo hagamos en Espíritu y en verdad. En lo que se refiere a la ley del sábado, más importante que el reglamento es la vida humana. Cuando ella está amenazada, debe resguardarse y privilegiarse por encima de todo reglamento. Para concluir, juzgamos muy acertadas las palabras de José María Castillo: “Jesús destruye aquella sacralidad, pero no reconstruye ‘otra’. Jesús destruye aquel sistema, para poner en su lugar la fe y el seguimiento, que se traducen en el amor”.11

lunes, 13 de septiembre de 2010

INTERCESIÓN

La importancia de un corazón limpio.

Si hemos llegado hasta aquí en cuanto a la limpieza de nuestro corazón, el Señor estará trabajando con nosotros en el tercer paso. No solo debemos permitirle que limpie los pecados del corazón y trate con nuestro orgullo, sino también QUE TRATE Y SANE LAS HERIDAS DEL CORAZÓN.

"Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados." (Heb. 12:15).

"No sé de ninguno que pase por la vida sin sufrir algún tipo de herida del corazón. A veces nos damos una pequeña ducha en el calvario, en lugar de permitirle a Dios que corte y lave con profundidad, quitando las heridas con su sangre expiatoria."

"A menudo no tenemos conciencia de la extensión del daño a nuestros corazones hasta que nos encontramos en situaciones difíciles y nuestra amargura se revela en nuestras palabras y acciones. A no ser que permitamos al Espíritu Santo ILUMINAR CON SU LUZ la FALTA DE PERDON en nuestras vidas, nuestras oraciones estarán CONTAMINADAS por las heridas de nuestros corazones."

"Muchos intercesores están orando erradamente, por no conocer sus propios corazones. Ellos oran por cosas que les son dictadas por sus sentimientos heridos, en lugar de hacerlo por lo que desea su Padre celestial. Esto es particularmente cierto en el caso de los que han sido heridos por los que están en autoridad en sus vidas o han sido rechazados por aquellos cuya opinión es importante para ellos."

"Siendo intercesores hemos de cubrir a la persona o situación en oración; a Dios le corresponde dar convicción de pecado y sanar. Habrá ocasiones en que confrontaremos al que ha pecado, pero únicamente después de haber empapado el asunto en oración."

"Muchas personas han enderezado sus vidas y muchas situaciones desesperantes se ha modificado A TRAVES DE PERSONAS QUE APRENDIERON A ORAR."

"LA MADUREZ APRENDE A PELEAR BATALLAS EN EL CAMPO DE ORACIÓN. Cuando oramos, hay situaciones en la que Dios HACE LO IMPOSIBLE en formas que nunca podríamos haber imaginado."

"A medida que nuestros corazones reciban limpieza, seremos capaces de discernir EL MOTIVO que impulsa nuestras oraciones. Quiero ser como el salmista que clama:

1. Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.

2. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;

Has entendido desde lejos mis pensamientos.

4. Pues aún no está la palabra en mi lengua,

Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. (Salmo 139:1-2,4).

Nuestra oración como intercesores es: "Señor, cércame tanto por detrás como por delante y crea en mi limpieza e integridad de corazón para que pueda ser tu siervo y ponerme en la brecha."

jueves, 9 de septiembre de 2010

QUE HACER CUANDO NECESITES PAZ III




2 Los que van por el camino recto mueren en paz; hallan reposo en su lecho de muerte. (Isaías 57:2 Nueva Versión Internacional)
17 En el reino de Dios no importa lo que se come ni lo que se bebe. Más bien, lo que importa es hacer el bien, y vivir en paz y con alegría. Y todo esto puede hacerse por medio del Espíritu Santo.18 Si servimos a Jesucristo de esta manera, agradaremos a Dios y la gente nos respetará. 19 Por lo tanto, vivamos en paz unos con otros, y ayudémonos a crecer más en la nueva vida que Cristo nos ha dado. (Romanos 14:17-19 Biblia en Lenguaje Sencillo)
11 En cambio, la gente humilde recibirá la tierra prometida y disfrutará de mucha paz. (Salmos 37:11 Biblia en Lenguaje Sencillo)
DESPEDIDA
11 Eso es todo, queridos hermanos. Me despido de ustedes pidiéndoles que estén alegres. Traten de ser mejores. Háganme caso. Pónganse de acuerdo unos con otros y vivan tranquilos. Y el Dios que nos ama y nos da paz, estará con ustedes. (2 Corintios 13:11 Biblia en Lenguaje Sencillo)
13 Que Dios, quien nos da seguridad, los llene de alegría. Que les dé la paz que trae el confiar en él. Y que, por el poder del Espíritu Santo, los llene de esperanza. (Romanos 15:13 Biblia en Lenguaje Sencillo)

AUMÉNTANOS LA FE

Por: Elsie R. de Powell
Como muchas cosas en la vida, la fe nos muestra dos caras de una misma realidad. La frase “auméntanos la fe” lo pone en evidencia: nos muestra por un lado un deseo, una necesidad, un sentimiento de carencia. Es el lado subjetivo de la fe. Pero también refleja un pedido dirigido a Alguien. Al seguir la mirada de los discípulos, la vemos clavada en el rostro de Jesús, el objeto de su fe. Esa fe se originó alguna vez a la orilla del mar, o junto a la mesa de los tributos, o bajo la sombra de un árbol, pero en todos los casos fue porque se encontraron con Jesús. Es el lado objetivo de la fe.
En el momento de expresar su necesidad de “tener más fe” las cosas se habían puesto difíciles para los discípulos; su ánimo era expectante, y quizás, temeroso. ¿Qué sentimientos pasaban por su alma al hacer tal pedido? Al verlos necesitar más fe, intuimos que se avecinaba algo para lo que no estaban preparados. ¿Sentirían temor por su futuro, vacilaciones inesperadas, cansancio, desilusión?
Probablemente todo esto; pero la pregunta, tal como está formulada, refleja algo más: Tienen temor, pero quieren superarlo. Sienten la desilusión, pero buscan esperanzas. El Señor les ha preguntado si ellos también quieren irse y le han contestado que no. En medio de su fe vacilante, hay en ellos una fidelidad difícil de explicar; aquella tozudez del que llega al borde de sus fuerzas y quiere seguir creyendo; el que no sabe decir por qué cree todavía, pero sí sabe que quiere creer a pesar de lo que le va a costar.
La cara subjetiva de esas emociones nos revela mucho, pero es importante reconocer que ninguna de los dos aspectos es suficiente por sí solo: necesitamos de lo subjetivo pero también de ese factor objetivo que es el conocimiento real de quien fue (y es) Jesucristo.
Para los primeros discípulos judíos, tener fe era vincular las obras de Dios en el pasado, con su revelación en el presente por medio de Jesús de Nazareth. Dios había cumplido históricamente su promesa. Pablo llega a decir que “la fe vino” (Gálatas 3:23) no nació en ellos sino que llegó y comenzó en Jesús.
Jesucristo se manifestó de una manera objetiva y por eso podían decir: “…A éste Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36). De modo que aun la vida y la muerte se volvieron en testigos objetivos de su fe en Jesús.
Jesucristo no es sólo el autor sino el consumador de la fe, el que la lleva a su victoria final. Es un hecho histórico pero también escatológico. Sólo Jesucristo puede invitarnos a aguardar ese “algo más” de lo que es. El futuro de la fe se hace realidad en él. En Cristo, como dice Pablo, hay una nueva realidad. Sin él, nuestras emociones serían vanas, mera expresión de deseos, sentimentalismo.
O peor aún, nuestras emociones podrían llevarnos a tener la fe ciega y dogmática del fanático. Además, si sólo dependiéramos del calor de nuestras emociones para fundar nuestra fe, nuestro testimonio carecería de autoridad. Es lo que sucedió en las capas juveniles del protestantismo alemán del siglo XIX. Dice Hegel al respecto:
Lo que se tiene en el sentimiento es completamente subjetivo, y sólo existe de un modo subjetivo. El que dice “yo siento así”, se ha encerrado en sí mismo. Cualquier otro tiene el mismo derecho a decir: “yo no lo siento así”; y ya no hay terreno común. Cuando alguien dice que la religión es para él cosa del sentimiento y otro replica que no halla a Dios en su sentimiento, ambos tienen razón. Así pues, reducir de este modo el contenido divino al mero sentimiento es decir, la revelación de Dios, la relación del hombre con Dios, la existencia de Dios para el hombre– es limitarse al punto de vista de la subjetividad particular. Si nada sé de Dios, nada serio puede haber que limite y constriña mi relación con él.” (El subrayado es mío).
El movimiento subjetivista que había penetrado la cultura del pueblo alemán de aquella época se llamaba “Romanticismo”, y cautivaba las mentes de los jóvenes protestantes. Pretendía ser un movimiento cristiano: “Sentían” a Dios en todo lo bello, en la literatura y en la música, y también “palpaban” a Dios en la naturaleza: Los poetas se exaltaban con el rumor “del Espíritu” partiendo de los bosques, los acantilados, la luna, las olas encrespadas.
¡Y luego se emocionaban con su propia capacidad espiritual de poder expresar tan bellamente su fe! Finalmente comenzó a plasmarse un peligroso orgullo teutónico que se convertiría poco a poco en la exaltación de la raza aria (y finalmente en el odio a los semitas). Se creían cristianos, porque se “sentían” cristianos; pero sus emociones comenzaron a ir a la deriva, como un barco sin anclaje. Habían olvidado al autor de la fe.
Pero una fe puramente “objetivista”, despojada de su polo emocional, puede estar tan mal fundada como la actitud anterior, y orientarse tan peligrosamente como aquella.
¿Experimentamos la ternura de Cristo en nuestra debilidad? ¿Conocemos la emoción de adorarlo? ¿Nos conmueve la misericordia cuando estamos frente a un ser despreciado, por quien Cristo murió? Si no es así ¡qué terrible será descubrir que una fe sólidamente fundada en conceptos, pero sin amor, bien podría permitirnos mover montañas pero hacernos desaparecer ante la mirada de Dios!: Sin amor, dice Pablo, no soy nada (ni nadie).
Dice el teólogo J. H. Yoder (ya fallecido), que la fe desviada de su verdadero centro en la persona de Jesús, comienza a desvirtuarse básicamente de dos formas, hasta perder autoridad en nuestra vida. Si exaltamos tanto a Cristo que comenzamos a creer que es solamente una persona divina, ajena a la condición humana de carne y hueso, nuestra fe en la normatividad de sus palabras se debilita.
Lo que él fue y lo que él dijo pasa a ser sólo un ideal muy alto, demasiado alto para nosotros: y como no podemos alcanzarlo nos conformarnos con menos. Ante cada tentación, esa postura no puede sino socavar nuestra obediencia. Y a medida que se desdibuja la persona real e histórica de Jesús, decrece la fe. Un Jesús puramente espiritualizado o idealizado, se aleja de nuestra cotidianidad. Se convierte en un mero ideal que ya no nos toca. Terminamos adoptando criterios puramente humanos para resolver nuestros dilemas en la vida.
El segundo peligro es exagerar la humanidad de Jesús. Verlo a tal punto en su ropaje cultural de un judío del primer siglo, que perdemos de vista su divinidad. Terminamos por disminuida, y adecuar su figura a categorías sociológicas alternativas. Jesús revolucionario, Jesús moralista, Jesús educador.
Nuevamente habremos perdido el objetivo real de nuestra fe, y no tenemos en quien apoyarnos. El Jesús humano, o meramente humano, carece de autoridad, nos resulta históricamente remoto, no nos sirve de base sostenida y duradera de la fe. Un Cristo puramente humano ya no nos intimida; no le tememos.
Para aumentar nuestra fe necesitamos tener presentes todos los rasgos de Cristo: humanos y divinos. El Cristo amigo que “toca a la puerta” de nuestra intimidad, pero también el Cristo que “gobernará a las naciones con vara de hierro” (Apocalipsis).
El Cristo preexistente de (Efesios 1-3), en quien la realidad cósmica y humana adquiere su forma y sentido, pero también el Cristo crucificado de los Evangelios. El Cristo que levanta los niños en brazos y restaña las lágrimas de una mujer adúltera, tanto como el Cristo que viene a separar las ovejas a la derecha de los cabritos a la izquierda. El que supo escabullirse de una turba exaltada pero también “encaminar su rostro” para morir en Jerusalén.
Necesitamos aumentar nuestra fe en el Salvador y el Juez, el Amigo y el Rey, el Crucificado y el Resucitado, el Amado de nuestra alma y el Hijo eterno de Dios.
Necesitamos las dos caras de la realidad.

SALMO DE DOMINGO

Señor, me he asomado a la ventana

y he visto una cálida rosa fulgurante

y bajo el pino, los pájaros

en una jubilosa algarabía

de gorjeos y de alas.

Señor, esta mañana de domingo

vamos a estar contigo,

vamos a recordarte en el pan y en el vino.

¿No es acaso esa rosa como tu sangre?

¿No somos nosotros más que muchos pajarillos?

"En gran manera he deseado estar con vosotros

antes de que padezca".

¿Y no volverás a padecer si me ves indiferente

o si encuentras mi sitio vacío?

Oh Señor, esta es mañana de domingo

y nos has invitado a tu mesa.

Por eso,

no nos dejes pensar ahora en otra cosa.

Ni en lo que almorzaremos hoy, ni en lo que

queda por hacer,

ni en las cuotas por pagar,

ni en el trabajo de mañana,

ni en eso que Tú sabes que nos duele.

Después sí;

ahora estamos invitados a tu mesa.

Andarás entre nosotros

mientras cantamos himnos

y comemos el pan

y bebemos el vino.

(Y la sombra de la cruz

es un abrazo que se extiende

alto, ancho, profundo, sin medida…)

De pensarlo, el corazón se vuelve

temblor y alabanza;

cálido como el terciopelo de una rosa,

gozoso y elemental

como los pájaros que juegan bajo el pino.

Paulina de Farfán

(Tomado del libro "Pequeña POESÍA)

LA ALEGRIA DE UNA VIDA SENCILLA

En una socie d ad ha m bri e nt a d e p os ee r co sa s, h oy y si e m p re – n o es fá c i l p ara e l crist i ano “est a r cont e...